Un cuento sufí acerca del primer escalón en el camino a la sabiduría...
"Cuenta que Nasrudim quiso entrar al templo para convertirse en un hombre sabio así que golpeó la enorme puerta y del otro lado preguntaron...
¿quién golpea?
y entonces él contestó... ¡Nasrudim!... quiero participar de tu sabiduría y convertirme en un hombre como tú.
Del otro lado de la puerta le respondieron... "Vete porque no te conozco"...
Al oír esta respuesta Nasrudim insiste con su pedido y agrega... ¡Cómo que no me conoces! ... soy Nasrudim, el hombre con el que has hablado decenas de veces en esta misma puerta del templo.
La respuesta del otro lado de la puerta vuelve a sentenciar al pobre Nasrudim... "Vete porque no te conozco" y agrega... "No debes estar aquí, no perteneces a este lugar.
Nasrudim, lejos de amedrentarse vuelve a golpear y ante la pregunta de ¿quién es? ahora responde... Soy tú... Soy tú que quiere entrar... -No puedes ser Yo, porque Yo mismo estoy ahora adentro del templo, así que vete-, fue la respuesta del sufí.
Nasrudim, afligido y confundido vuelve a golpear la puerta y ante la pregunta ¿quién es y qué quieres? Nasrudim responde: No sé quién soy. No sé a qué he venido. Entonces la puerta se abre y Nasrudim es admitido en el templo."
Nuestra cultura occidental nos condiciona el desarrollo emocional e intelectual de manera que fácilmente creemos que sabiduría puede ser equivalente a inteligencia, formación académica ó sencillamente saber popular.
Nos condiciona de manera que decide quién somos y qué queremos
Así también fomentamos la soberbia, las verdades absolutas y la discriminación hacia quienes piensan, resuelven y actúan diferentes a nosotros.
La moraleja propuesta por este cuento nos enseña que la sabiduría se halla dentro de todos los hombres pero obscurecida por todos los condicionamientos que recibimos a través de nuestra educación y qué sólo se abrirá paso precisamente ante el cuestionamiento individual de "quién soy realmente", es decir reconocer que no se sabe quién es uno despojado de las corazas y matrices impuestas, así como tampoco "sé adónde quiero ir si no sé siquiera quién soy". La confusión entonces es el primer paso hacia desarrollar la sabiduria natural que poseemos en nosotros mismos.
¿Estas dispuesto a recorrer el camino de Nasrudim? ¿Estás dispuesto a insistir desde la humildad y la confusión para abrir la enorme puerta de tu sabiduría interior?
