Controlador y controlado…
22.08.2014 18:15
Resulta irritante convivir por razones familiares o laborales con personas controladoras. Identificamos así a las personas que sin un motivo cierto tratan de conocer, supervisar y manejar las vivencias propias sin cuartel y trasladar esta misma pulsión a su alrededor. Es difícil escapar a su ojo avizor y cuestionador en cuanta situación se trate introduciendo a veces la extorsión como medio de lograr sus fines si no logra someter al otro a su voluntad. Nuestra cultura judeo-cristiana cuenta con dos clásicos casos que si no resultaran tan patéticos y distorsionadores de la personalidad ya sea utilizando la culpa o el temor serían cómicos y de hecho fueron tema de más de una comedia:
En tanto la madre judía le dice a su hijo come o “me moiro” la madre italiana le dice come o “ti ammazzo”
Crean, fabrican situaciones aún imaginarias para inducir al otro a determinado comportamiento o a someterse a la “jurisdicción” de su control como lo define este cuento de humor judío:
“Un hombre llama a su madre y le pregunta como estás mamele (mamita)?
-Débil. Hace cuarenta días que no como …
¡¡Cómo !! ¿Qué hace cuarenta días que no comes? ¿¿Qué te pasó??
-Nada, no quería contestarte con la boca llena por si me llamabas…”
Así, el hijo (como cualquier otro) que se hace cargo de esta situación queda encerrado dentro de la culpa por el dolor que el otro le está transfiriendo al sólo efecto de controlarlo y seguir considerándolo como algo indiviso y de su propiedad.
Estos casos tienen diferentes abordajes según la escuela de psicología que los trate. El psicoanálisis ahondará en las vivencias infantiles de aquellos que controlan y a la construcción del “Yo” y el “Superyo” en el controlado. La psicología social en cambio apuntará a salud vincular y las patologías que éste contiene. Aquí lo evaluaremos desde la perspectiva del desarrollo y superación personal abstrayéndonos de las patologías en sí considerando que en estos casos la voluntad del sometido puede ser la llave para romper estas situaciones viciadas.
Estas “sociedades” entre controladores y controlados sólo genera un vínculo enfermo imposibilitando el desarrollo de ambas partes. Es un vínculo cerrado donde nada nuevo puede suceder a nivel afectivo sin que sea considerado nocivo, transgresor y lesivo para la parte que controla que inmediatamente acusa el daño recargando el círculo de la culpa en el “socio”.
Obviamente, como todo círculo, sólo se sale de él rompiéndolo. Esto no quiere decir que se debe entonces rechazar y romper todos los vínculos que intentan atraparnos sin antes intentar sobreponer nuestra vida e intereses, metas en nuestro rumbo y camino por sobre las limitaciones del control. Las reacciones no se harán esperar atribuyéndoles todos los males ya profetizados al “transgresor” al que tratarán de asfixiar en la culpa o someterlo al terror del miedo.
Tranquilízate… nada que no debiera ocurrir va a ocurrir. Debes dejar tú también que cada uno corra en su vida sin convertirte ahora tú también en controlador de tu controlador. Por llevar tu vida adelante, buscar tu propia felicidad y realizarte como persona en plenitud, no causarás daño a nadie por lo que no debes sentir temor o culpa. Si las resistencias producidas enferman o irritan a aquellos que te controlaban, no debes sentirte tú culpable de situaciones que otros se propinan a sí mismos por negarse a crecer, negarse a comprender que tú no eres la extensión de ellos, negarte a ti el derecho a crecer, negarte la posibilidad de ser tú otra persona con vida propia.
Esto implica por parte de ti esforzarte por autoconocerte, saber qué hay realmente de ti mismo aparte de aquellas cosas que heredas de la cultura familiar. Significa que si rompes el círculo para iniciar el camino hacia ser “persona desarrollada” debes hacerte cargo de ti mismo. Tus errores te pertenecerán así como tus aciertos. Debes ponderar y evaluar tus capacidades y habilidades para saltar a tu libertad, una libertad responsable y adulta que permitirá tu desarrollo. Debes esforzarte y trabajar para este fin. Todo tiene un costo y el costo de ser persona desarrollada tiene un costo muy alto que no todos están dispuestos a pagar. Muchos prefieren ser “socios” de corporaciones del control antes que arriesgarse a este escalón de superación personal sin el cual sólo serían individuos mezclados en una turba de “zombis” dónde ninguno de ellos sabe realmente quien es, quien fue, quien será.
Producción editorial de El rumbo-Tu rumbo-
